El corazón del Granada CF

Los decanos de la grada siguen sumando temporadas

La peña Los Cármenes, durante su visita al estadio en el XIV Congreso Nacional de Peñas. / R. I.

Tres años antes de la fundación de la peña Los Cármenes, la agrupación se denominaba Yerbabuena, lo que les convierte en cierto modo más longevos. Hoy son un conjunto repleto de veteranos con experiencia sobre el Granada

GABRIEL S. CARACUELGRANADA

Fueron los primeros en estructurarse dentro del recinto zaidinero, y representan en su mayoría a la sapiencia viva por la historia rojiblanca menos conocida. O más olvidada; según con quién se reabra el debate. Se trata de la peña Los Cármenes, de extensa trayectoria y con cuerda para lo que venga. Si aún no han sucumbido con la de escollos que llevan sorteando desde el 99, el descenso les supone la misma trascendencia que posee una gota en mitad del océano.

En realidad su historia comienza incluso tres años antes, en el 96, cuando la agrupación se denominaba peña Yerbabuena, lo que les convierte en cierto modo más longevos si cabe, pues tras un corto periodo bajo esa apariencia prácticamente la totalidad de la peña decidió refundarse hasta ser lo que son hoy: un conjunto repleto de abonados veteranos y con experiencia en la cuerda del vértigo. A raíz de ahí, siempre han arrastrado a más amigos y familiares, conformando una de los símbolos granadinistas más reconocidos y amplios en la grada de Los Cármenes.

Francisco Sánchez, presidente de la asociación y socio desde el 79, representa ese perfil de rojiblanco desde la cuna y hasta la cana. Incluso disfrutó del Granada en Primera antes del largo periplo por campos de barro y tierra -como aquella plantilla del 75 entrenada por el mediático Miguel Muñoz y que descendió la última jornada en la Romareda-.

Trayectoria de gran calado

Francisco es una voz autorizada para opinar sobre el club, ya que, tal y como narra, «he sido cura, fraile y monaguillo del Granada». Razón no le falta; fue directivo de la entidad en la época de Pedro Ruiz, ha gestionado varios filiales nazaríes, ejerció de delegado de campo y de equipo e incluso en sus inicios organizaba a los recogepelotas. Se trata de una vinculación tan nutrida y longeva que le permite observar la idiosincrasia del club desde diferentes ángulos. Valora que el presidente actual tenga en cuenta a la masa social vinculada al granadinismo, como la charla amigable que mantuvo con ellos en el campo de Los Cármenes recién exhalada la nefasta temporada pasada, y confía en la labor de este verano: «eso lo han hecho muy pocos presidentes. A raíz de ahí ves que se ficha aun gran director deportivo y a currante como José Luis Oltra pues concluyo que el trabajo es bastante mejor que el de la campaña pasada».

Vivió capítulos oscuros del club, como el bordeo de la desaparición en 2004 tras impagos, cuando él precisamente estaba incrustado en la directiva del ex presidente Pedro Ruiz. En la encerrona que llevaron a acabo los jugadores a modo de protesta pacífica para cobrar los sueldos -entonces en Tercera-, ellos mismos le comentaron que el único interlocutor que aceptaban entre gerencia y jugadores fuese él. Tras aceptar amablemente el rol de intermediario, siguió enfocado en la tutela de la peña y echando una mano con la organización de los planteles inferiores del club.

Actualmente define al grupo como un conglomerado de socios atípicos: «disfrutamos siempre de las circunstancias, se gane se pierda o se empate. Lo bonito es charlar y compartir opiniones». Tendría mérito no disfrutar del proceso tras aguantar tantos vendavales...

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