LA CONTRACRÓNICA

Cortocircuito

El empate en la Romareda vuelve a desnudar las dificultades del equipo para conservar el balón aunque debe valorarse la resistencia para retener el punto

JOSÉ I. CEJUDOGRANADA

Algo importante sigue fallando en el Granada de Oltra. Su sala de máquinas no aparece. No es que no se imponga y domine los partidos, sino que no hay manera de encontrar a los centrocampistas. Los rojiblancos empataron en la Romareda pese a que los locales hicieron mucho más por llevarse el partido y probablemente merecieron los tres puntos. Tanto preocupó a Oltra conservar lo que ya tenía que el destino le castigó anulando la tercera bala con el ansiado nombre de Adrián Ramos.

No hubo cambios respecto al once inicial que tan preocupante primera parte dejó en Los Cármenes frente al Albacete. Parecía factible que Javier Espinosa dejara su lugar a Kunde o Puertas, con un buen impacto en sus minutos la pasada jornada. También que Adrián Ramos emergiera como titular toda vez que al final 'se queda'.

El Granada salió con brío y queriendo impedir que el Zaragoza saliera de su campo. Los de negro entraban con la pierna dura e intimidaban a un rival más bisoño. Aunque los granadinistas pretendieron mandar, pronto quedó al descubierto su principal problema. El que ya evidenció ante el Albacete y que todavía no soluciona. La defensa es incapaz de conectar con los mediocentros, es decir, con Baena y Montoro. Borja Iglesias y Buff cortaban la línea de pase pero tampoco los centrocampistas hacían demasiado por participar. La pelota iba del central al lateral, del central a Varas y de este al cielo y al pecho de Joselu, que ganaba la batalla a los centrales para bajarla. Espinosa llegó a retrasar su posición hasta la zona de Álex Martínez en alguna ocasión.

Pedro amenazó a su exequipo pasados los diez minutos con un lanzamiento lejano a balón parado, el arte que mejor domina. Los maños ganaron terreno y amasaban el balón sin crear peligro. Una cesión inconsciente de Álex Martínez a Varas dejó solo a Borja Iglesias, pero el portero sevillano se hizo enorme. Fue la primera de todas sus intervenciones. Más tarde Machís pidió un penalti que no pareció y Espinosa aprovechó una pérdida con todo el Zaragoza delante del balón para plantarse en la frontal. Fue derribado con dureza cuando se abría la posibilidad de Machís solo a su izquierda. La falta, tan peligrosa que olía a gol, acabó con el primer tanto del partido gracias a un genial y fuerte lanzamiento de Pedro bajo la barrera.

El Granada cedió dominio tras hacerse con la ventaja y el Zaragoza comenzó a llegar con sus dos laterales como dagas. Uno recogía el centro del otro y volvía a colgar al área. Borja Iglesias, bien controlado al principio por Menosse y Germán, parecía crecer en protagonismo y centímetros con el paso de los minutos y su zancada se fue convirtiendo en una amenaza. Casi clava en la escuadra un envío de Buff, que rompió al central gaditano.

La segunda mitad no varió la inercia del encuentro. El Zaragoza siguió acorralando a un Granada que intentaba estirarse sin éxito. Montoro y Baena no alzaban la voz y Pedro y Machís no inquietaban a dos laterales que les obligaban a correr hacia atrás todo el tiempo. El venezolano volvió a tomar más decisiones erróneas que acertadas.

Varas era cada vez más exigido y Oltra decidió hacer debutar a Alberto Martín, que pasó a situarse como hombre escoba tras Montoro y Baena, este con amarilla. Ocurre con el de Torrox algo parecido a lo que ocurría con Iturra: con tarjeta son un peligro por sus grandes dosis de agresividad. Oltra no actuó y lo mantuvo sobre el campo. El Granada sufría pero lo hacía con calma, sin desesperarse, tranquilo con la veteranía de Varas, Menosse y Germán. Se entregaba a lo que Machís y Joselu pudieran hacer a solas adelante, pero ninguno hizo nada.

Una pérdida grosera del menudo extremo venezolano dio origen al centro en el que Germán abrazó a Iglesias hasta provocar el penalti. El delantero, que moría por marcar, se sacó la espina. Puertas relevó a Machís y si bien sus primeros toques fueron esperanzadores, se diluyó hasta calcar los errores infantiles del sustituido. Iglesias y Toquero siguieron tocando a la puerta antes de que Baena viera la segunda amarilla por estirar las botas amenazante para llegar a un balón dividido que ganó. En esa misma falta, próxima a la frontal, Zapater forzó la parada del partido para Varas.

Cambios con sentido

Todos los cambios de Oltra habían tenido sentido aunque no funcionasen, asumido que eligió ser conservador. Seguramente su último cambio habría sido Adrián Ramos, pero Germán se lesionó y tuvo que debutar Charlie. El duelo acabó como un encuentro de balonmano con el Granada protegiendo el área y el punto como oro puro. Eso se llevó de Zaragoza. Un buen premio en una categoría en la que no perder importa muchísimo pero que no valdrá de nada si no se solucionan los evidentes problemas en la medular, con lo que ya hay o con lo que pueda venir.

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