Fútbol

Corazón nazarí y carbayón

Joyce y Saavedra, abrazados mientras Rodri estira (2007). /G. MOLERO
Joyce y Saavedra, abrazados mientras Rodri estira (2007). / G. MOLERO

Eduardo Gómez ‘Lalo’, Joyce Moreno y Pepe Saavedra jugaron con el Granada y el Oviedo durante sus trayectorias

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Tres personas que habían estado vinculadas al Real Oviedo disfrutaron, hace doce años, de un momento único en el estadio Nuevo Los Cármenes. Un 25 de junio que enterró una fecha similar de turbio recuerdo para el aficionado rojiblanco: aquel ascenso a Segunda frustrado ante el Murcia. Dos de estos hombres estaban sobre el césped en el otro 25-J, el bueno, el de 2006. Conformaban el núcleo de la defensa del Granada. El otro comentaba el encuentro para la entonces existente TeleIdeal. Los futbolistas en activo eran Joyce Moreno y Pepe Saavedra. El analista, Eduardo Gómez ‘Lalo’, que lució la misma camiseta en su juventud, para años más tarde llegar a ser el entrenador y establecerse en la ciudad. Ese día, cada cual en su faceta, celebraron la salida del infierno de la Tercera división.

Saavedra y Lalo nacieron en Oviedo. Moreno debutó en la máxima categoría con la camiseta azulona. Hoy, desde la distancia, su corazón se divide entre los equipos que se enfrentan este domingo. Mitad nazarí, mitad carbayón. Clubes con similitudes que les unen.

Eduardo Gómez ‘Lalo’, desde su retiro en Luanco (Asturias).
Eduardo Gómez ‘Lalo’, desde su retiro en Luanco (Asturias).

Lalo cumplió ayer 82 años. A finales de febrero de 2014 sufrió un ictus. Se recuperó con razonable salud y hoy vive con sosiego en la localidad asturiana de Luanco, junto a sus hermanas, «echando de menos la nieve y cansado del viento del Cantábrico». Sigue «viendo y leyendo sobre fútbol». Lalo portó la rojiblanca entre las temporadas 60-61 y 61-62 (esta en Segunda). Llegó por un traspaso. El Oviedo le debía dinero al Granada tras la compra del portero Carlos Gomes. Según recuerda, la deuda era de «un millón y pico de pesetas» y los rojiblancos pagaron «cerca de dos». Décadas después gobernó el vestuario. Primero en la campaña 88-89 (que arrancó, fue cesado y luego regresó al final) y después en la 2000-2011, sólo cinco encuentros. En los últimos tiempos colaboró con distintos medios y se convirtió en una opinión solvente sobre club. «Desde la distancia observo seriedad, menos lío, quizás una vuelta a los orígenes de una gestión. No sé si estar lejos me da más calma, lejos de los batiburrillos, con independencia de resultados y fútbol. Lo fundamental en un club es lo que le rodea, que puede beneficiar o dañar. Cosas que parecen buenas pueden no serlo», apunta.

Lalo siempre se mostró elogioso con la hinchada del Granada. «Es una afición especial. Menos numerosa que otras, pero no es una masa social desordenada. A veces es más pausada, tranquila, pero muy fiel. Ayuda a su equipo y lo hace mejor. En fútbol no es necesario tanto lío y bullicio. La suavidad y la paz contribuyen más que los gritos», determina.

Pepe Saavedra, en el estudio de pilates en el que ahora trabaja en Oviedo.
Pepe Saavedra, en el estudio de pilates en el que ahora trabaja en Oviedo.

Profesor de pilates

Pepe Saavedra colgó las botas hace cuatro años, con 36. Tras aquel salto a Segunda B con el Granada aguantó un curso más en la escuadra. De ahí se fue al Burgos y al Palencia para acabar el ciclo en su tierra, en el Caudal, Luarca y Langreo. Con este último disfrutó del quinto ascenso de su trayectoria, midiéndose al Mérida, accediendo a la categoría de bronce.

Ahora es instructor de pilates. «Nunca me gustó entrenar, no tenía vocación», alega, pero un preparador físico amigo suyo, con el que coincidió en el Oviedo, le introdujo en esta práctica y desarrolló el uso de unas máquinas que le ayudan con clientes lesionados o con discapacidades. Contempla el fútbol por la tele. «Cada vez me gusta menos ir a los campos. La gente está muy degenerada, no me gusta el ambiente. Soy un apasionado y sigo al Oviedo, Sporting y Granada siempre que puedo».

Hace un par de años estuvo de visita y oteó desde fuera la ciudad deportiva nazarí. Coincidió con algunos seguidores que le refrescaron aquel gran triunfo ante el Guadalajara. «Me marcó mucho. Estaba muy reciente la tragedia ante el Murcia. Se montó un equipo para suplantar al club (el Granada Atlético) y pasamos por muchas dificultades. Hay quien me dice que nuestro logro se tiene tan presente o más que los ascensos a Segunda y Primera. Quizás por las circunstancias, por ser en casa», argumenta. «El ‘play off’ fue terrible. Los penaltis con el Linense, la mano en Guadalajara...», agrega, sabiendo que dos de sus compañeros entonces siguen en la entidad: Manolo Lucena, como delegado, y Francis Hernández, en el análisis de vídeos.

Canterano del Oviedo, subraya una simbólica línea que une a ambos equipos. «Se parecen como clubes. Son históricos de verdad que estuvieron a punto de desaparecer. La cosa ha cambiado mucho. El Granada se transformó y llegó a Primera y parece que el Oviedo, con los mexicanos detrás, tiene un proyecto volcado para conseguir llegar a lo alto», advierte, lamentando que «por ponerle una pega, tendría que apostar más por la cantera», aunque cree que esto cambiará.

Joyce Moreno (drcha.), con su suegro, José Antonio Grande.
Joyce Moreno (drcha.), con su suegro, José Antonio Grande.

Con Juan Mata

Joyce Moreno cerró su etapa de futbolista en el Sant Andreu. Junto al actual técnico del Zaragoza, Natxo González, sumó un nuevo ascenso antes de dejar el verde. Ahora está unido al fútbol porque es el director técnico de JM 10 Sport, la empresa de representación del padre de Juan Mata, del Manchester United, que tiene a su hijo como exponente, aunque cuenta con otros talentos como Rondón, Juanpi o Marc Roca, además de un canterano del Oviedo, Steven, que pugna por ser el punta este domingo.

Moreno, –yerno de otro ‘ex’, José Antonio Grande, conocido por ser la mano derecha de Del Bosque– se formó en las categorías inferiores del Madrid, pasó cuatro años en Oviedo en las que se fogueó en Primera, pero tiene presente su etapa nazarí.

«El de Tercera fue un año complicado y a la vez precioso. En la retina se me queda aquel día en el estadio ante el Guadalajara. No exagero diciendo que es el día de mi carrera en el que más futbolista me sentí. Un recuerdo inolvidable», asegura. «La conexión con Los Cármenes era mágica. Tenías que ganar y ganabas. Había duende», evoca.

Juzgan como igualado el partido a disputar. «El Oviedo está incómodo, se compara mucho con lo del año pasado. Se palpa el miedo y eso el Granada lo puede aprovechar», atiende Lalo. «Que gane el que lo merezca», tercia Saavedra, en una línea similar a Moreno. «Si llueve, hay que tener cuidado con el Tartiere. Se puede embarrar», completa Moreno. «Espero que ambos estén como poco en el ‘play off’», cierra. Repetir, en su medida, la fiesta en la que los tres, cada cual en lo suyo, coincidieron en idéntico escenario.

El presidente rojiblanco que lució la camiseta azulona

Otra coincidencia entre el Oviedo y el Granada está en un futbolista con pasado azulón que llegó a ser presidente rojiblanco. Se trata de Paco Sanz, el hijo de Lorenzo Sanz, que fuera mandatario del Real Madrid y bicampeón de Europa. A instancias de su progenitor, Paco llegó en 2015 y participó en la confección del proyecto, atrayendo hasta el equipo a un viejo amigo suyo como Joyce Moreno, así como al ovetense Pepe Saavedra, entre otros.

Con Sanz llegó el ascenso a Segunda B. Su camino se empezó a torcer más adelante. La primera campaña se salvó la categoría. La siguiente, quedó quinto. En la tercera llegó la crisis que culminaría con su marcha. Ignacio Cuerva pilotó la transición que concluyó con la llegada de Pina.

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