Granada CF | La resaca

Entre contradicciones e hipotecas

José Luis Oltra, entrenador del Granada, durante el entrenamiento de ayer tras el partido en Valladolid. / P. VILLOSLADA / GRANADA CF

El Granada trata de ajustarse en plena competición tras condicionar su pretemporada con una apuesta táctica que ha ido orillando por la 'obligación' de conjugar a Ramos y Joselu

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELAS

1. Algo no conjuga bien en este Granada, más allá de sus preocupantes resultados. Una sensación de falta de acoplamiento y seguridad que en parte motivan sus 18 caras nuevas pero que profundiza en algunas posturas a debatir tanto en la planificación de la dirección deportiva como en las decisiones del entrenador. La versión rojiblanca que se fue perfilando en el corazón del verano se parece a la actual como un huevo a una castaña.

2. Principalmente ha virado la táctica hacia los dos puntas, que está teniendo bastantes contras y pocos pros. Las nociones se han retocado a algo mucho más directo y de menos posesión, con una dimisión palmaria en la iniciativa de los mediocentros desde que arrancó lo de verdad, solubles con la pelota. Cambiaron algunas preferencias de jugadores pero insistió el técnico en su particular cuerpo de confianza, orillando a algunos componentes que no han estado integrados en la dinámica desde primera hora o que soltaron el hilo argumental que aparentemente pretende. El último caso es el de Pierre Kunde.

3. Un acelerón en los anuncios de julio permitió que, en pocos días, el Granada se presentara en pretemporada alistando a los integrantes que prácticamente formarían su plantilla, en contraste con el año previo, lleno de improvisación y tardanza. Apenas quedaron unos cuantos huecos por cubrir por parte de Manolo Salvador aunque con la demora en la salida de tres futbolistas que aspiraban a otros aires -Foulquier, Krhin y Saunier- y el conflicto latente de Adrián Ramos, convocado junto al resto pese a su deseo explícito de marcharse.

Hay cuatro mediapuntas pero ninguno es titular; tampoco actúa Saunier pese a estar disponible

4. La estancia en Holanda afiló a un equipo que tácticamente se soportó en un 4-2-3-1, a veces mutado en 4-1-4-1. Coincidía siempre la figura indispensable para ambos sistemas del mediapunta o de los mediapuntas, según el caso. Eran momentos de protagonismo para Sergio Peña, aún sin ficha, estupendo en la asociación entre líneas. El gran descubrimiento, decían. La necesidad de tener bien cubierto el enganche motivó que Salvador, preocupado por el dilatado trámite burocrático para inscribir al peruano, potenciara el puesto con Kunde y Espinosa, sin olvidar a Puertas, más natural ahí.

5. Varias semanas después, ninguno de los cuatro actúa como titular, absorbido el enlace en los planteamientos de salida del técnico en Liga, sólo utilizado cuando tocó remontar. Van los nazaríes a contracorriente de los rivales de la categoría, pues la mayor parte sostiene a alguien en el trampolín y maneja a los arietes en soledad, que así acaparan las acciones ofensivas. El Valladolid es un ejemplo más, con Jaime Mata. El Granada no, con el problema añadido de la irregularidad en sus bandas para la vertebración.

6. Machís es más extremo que interior, con peores que mejores días hasta el momento. La cuestión es que no hay ninguna alternativa con su rapidez para apretarle como revulsivo. La escuadra se enlentece cada vez que le sustituyen. El venezolano se busca solo las habichuelas, agarrando el balón lejos del marco rival, culebreando en media distancia, eligiendo regular. Peña, con el que se lleva muy bien, sí vio su potencial con balones al hueco en Tenerife, pero ni allí ni en Zorrilla, donde ingresó justo cuando el otro salió, permitió Oltra que se asociaran durante un tiempo prudencial. Potenciar las complementariedades es un atajo cuando lo colectivo está en precario pero a esta pareja le ha concedido poco vuelo.

7. A Pedro le salva el manejo del gatillo, que no es poco, pero tampoco alcanza la continuidad que se desearía. Peor anduvo Montoro, que ha pasado de aparecer y desaparecer como el Guadiana a una mera rambla seca, sin caudal tras algo más de partido y medio de parón. Si Montoro no se ofrece, si no hace de ancla como hizo Borja en el lado pucelano, bajando a la zona de centrales para quitar la legañas de la mirada y lanzar a los suyos, el estilo rojiblanco seguirá pendiente del barrido de Baena, que le va mejor ir de escolta que de guía, y de meras inspiraciones ocasionales.

8. Joselu se reencontró con el entrenador que le hizo pichichi. Ahora, ni él se reconoce. Su rostro apático al final del partido reflejaba la desazón de un delantero que liga poco con su compañero en vanguardia. El onubense queda obcecado al trabajo sucio, fuera de la zona decisoria, frustrado ante la producción escasa, quizás agobiado porque la cosa no fluye con Ramos. Lo del colombiano es otro cantar. No está ni a un tercio de su capacidad. No se sabe si por cierta abstracción relacionada con su desapego. Aun tan lejos, siempre regala un puñado de intervenciones que pueden decantar la cita. No es fácil para Oltra renunciar al gran fichaje de la empresa del presidente o a la apuesta más onerosa de su propio valedor, Salvador.

9. Todo está influido por la losa de goles en contra, dato insufrible para el objetivo de cualquier equipo, con actuaciones bajo sospecha de Menosse y Charlie Dean. De todas las contrataciones, la que lleva el sello más claro del entrenador es la del uruguayo, rescatado por quien le dirigió en el Recre. Sus múltiples errores, aumentados por la blandura de su socio de zaga, ponen en entredicho la elección del valenciano, quien ha podido rehabilitar a Saunier desde que se lesionó Germán. Oltra niega cualquier marginación al francés pero cualquier hincha sabe que en condiciones de salud adecuadas, con cierto ritmo, el galo es un defensa de plenas garantías. Otra cosa es dónde esté su coco.

10. El preparador ya insinuó cambios. La otra variante es que Víctor Díaz se incruste ahí y deje el lateral para Quini, o rescatar a Hongla. Pero sin el abrazo del resto, sin equilibrio al reagruparse y con la pelota, no será una cuestión de ambición o nombres, sino de solidez y sumas. Quizás la solución se perfilaba en los Países Bajos y se desechó después. A veces hay que remover el pasado para rescatar el futuro. Tomar alguna decisión dura en el presente. Rechazar hipotecas, por caras que sean, y acabar con las contradicciones.

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