El corazón del Granada CF

Comienza la época de los verdaderos granadinistas

Algunos miembros de la peña Los Cármenes, la más veterana de las del Granada./GONZÁLEZ MOLERO
Algunos miembros de la peña Los Cármenes, la más veterana de las del Granada. / GONZÁLEZ MOLERO

A estas alturas de la película, nominar a la afición del Granada como gran estandarte del sentimiento rojiblanco sería una perogrullada; este espacio no nace sólo para reforzar tal idea, si no para rendirle su merecido homenaje

GABRIEL S. CARACUELGRANADA

A veces, el fútbol sólo es la excusa. Un pretexto de placentera aceptación. Ese motivo que concede argumentos mayores tras él. En realidad da igual quién gane o pierda el enfrentamiento, pues el verdadero partido está fuera del verde; la ilusión comienza en el sentimiento y termina en la grada. Insistir en esa idea es importante, de lo contrario se corre el riesgo de no saber quién identifica realmente el espíritu del equipo. A estas alturas de la película, nominar a la afición del Granada como el único y genuino estandarte del granadinismo sería una perogrullada. Pero este espacio no nace sólo para reforzar tal idea, si no para rendirle un merecido homenaje.

Por ello, IDEAL presenta esta sección. Para mostrar la idiosincrasia de las peñas granadinistas. Para entender sus manías, compartir sus viajes y entender los motivos que encuentran para que el fútbol sea solo la excusa que trae consigo todo lo demás. Sí, en esta ocasión el trasfondo reluce más que la fachada. Y es que seguir al Granada CF desde la óptica de un círculo así supone todo un estilo de vida, que se suele cimentar en dos premisas vitales: el amor incuestionable hacia los compañeros de fatigas y el sacrificio por un escudo, en ese orden. En los tiempos que ahora corren se podría añadir un tercero: aguantar el temporal hasta que amaine. Todos los peñistas coinciden en la idea de la decepción por el descenso tras una temporada que no ha ofrecido comodidades ni ilusiones. Ha sido un tortazo inmerecido para gente de tal sentimiento. Pero el arranque por el sentimiento no entiende de categoría, si no del color del ventrículo. Por ende, la historia nunca tiene final.

Las peñas se cimientan en dos premisas: el amor a los compañeros de fatigas y el sacrificio por el escudo

Cuando el Granada subió a Primera división hace seis años, el número de peñistas despegó hacia cotas nunca antes imaginables. Algo normal en una ciudad que tenía sed de fútbol pero que lucía un máster en amagos de desaparición del club de toda la vida. El furor por conseguir abono fue tal que incluso la entidad decidió elaborar un sistema de sorteo, para contentar a la marabunta que clamaba por un billete en la Liga de Las Estrellas. Había asociaciones de nueva creación que no daban a basto con las listas de afiliados; idéntica situación para todas aquellas que ya aportaban color a la grada en divisiones inferiores. Ellos sí se olían la tostada: un sexenio más tarde, la situación ha girado. Ya no sobran abonados ni peñistas. Tampoco oportunistas que solo se arriman al brasero del éxito. Para eso siempre habrá tiempo. El ciclo siempre suele retroalimentarse, así que ajenos y propios pueden estar tranquilos. Eso sí, la pasión se dignificará siempre ante el ocio 'pipero'.

El futuro como esperanza

Es la época de los verdaderos. Un sentimiento de cartón se habría arrugado con el calibre de tal trance. Por suerte para todos, aún quedan muchos afines. Son aquellos que entienden el presente como una oportunidad de éxito, aunque hace unos meses hubiese lágrimas bicolor sobre el escudo. Es el momento de ilusionarse por el futuro, ¿qué les queda si no? El granadinista de cuna ya no teme a la pendiente, porque lleva años escalando roquedos y atravesando lodazales. Es un perfecto equilibrista en la cuerda del miedo. Incluso mira hacia abajo con respeto pero sin temor a caerse. Si aún no ha caído al abismo con la de veces que se ha resbalado...

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