Contracrónica

Coma inducido

Coma inducido
Ramón L. Pérez

Penúltima comparecencia del Granada ante los que aún aguantan de los suyos y nueva sesión futbolística desangelada, falta de intensidad, fomentadora del bostezo

EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADA

Penúltima comparecencia del Granada ante los que aún aguantan de los suyos y nueva sesión futbolística desangelada, falta de intensidad, fomentadora del bostezo. Al ralentí todo el partido, ante un rival con los deberes de la permanencia también hechos y tampoco empeñado en forzar en ningún momento en exceso su máquina, los rojiblancos volvieron a vagar como espectros por el césped. El equipo se encuentra como en una situación de coma inducido, mantenido reduciendo sus esfuerzos al mínimo ante una situación de anunciada muerte futbolística.

Sólo un golpe de calidad de Álex Martínez en el lanzamiento de un libre directo, donde tampoco anduvo excesivamente rápido en su reacción el portero Edgar Badia del Reus, fue suficiente para al menos cortar la racha negativa de jornadas sin vencer, que se prolongaba desde la visita a Granada del Numancia, y evitar que Portugal siguiera emulando el rastro ya inigualable del espigado Adams la temporada pasada.

El equipo bajó los brazos desde hace varias jornadas, sumido en una convicción contraria a la que se pretendía transmitir en las declaraciones de futbolistas y directores de banquillo, por más que se prometía una y otra vez poner toda la carne en el asador para conseguir los objetivos de luchar por el ascenso, ya una quimera. La llegada del último entrenador tampoco ha servido para dotar a la escuadra de esa fe en la victoria que tantas veces ha faltado a lo largo de la temporada, y que se ha hecho crónica en la última fase de la misma.

De este modo las puestas en escena rojiblancas desde la derrota en Huesca han ido de mal en peor. En El Alcoraz, con una meteorología adversa que puso el césped impracticable, el equipo demostró gallardía y lucha en la búsqueda de equilibrar el encuentro, una vez más puesto cuesta arriba por errores propios más que por méritos del rival. Pero ante Rayo, Almería y Reus la imagen ha decaído hasta superar en muchas fases los límites de lo mínimamente admisible. El ritmo cansino, la falta de intensidad y convicción en la presión al contrario, la incapacidad de montar contraataques en situaciones de clara superioridad y la desconexión de muchos de los futbolistas han exacerbado con razones más que suficientes la paciencia de la sufrida afición, incluso de la que nunca abandona, como los poco más de seis mil que quisieron hacer acto de presencia en el duelo ante el Reus.

El partido fue un enfrentamiento de escuadras acomodadas con su destino, con la diferencia que la permanencia conseguida supone un éxito para el equipo catalán, y el quedar fuera de las opciones de ascenso implica un fracaso para los granadinistas. No hubo tensión en todo el partido, brillando por su ausencia las ocasiones claras, aunque el Reus pudo igualar merced a su dominio claro de la primera parte, lo que no fue posible dada la inoperancia de sus hombres ante el marco de Varas, poco exigido hasta ser convidado de piedra en el segundo acto del encuentro.

Tampoco el Granada tuvo grandes ocasiones, salvo tras el gol en un robo de Espinosa que pecó de generosidad y no asistió con precisión a Ramos cuando todo apuntaba al segundo de los locales. El resto del enfrentamiento fue un elogio de la nadería futbolística, impropio de un torneo que se presupone competitivo.

Aunque la personalización de errores en un juego colectivo siempre puede resultar injusta, el estado de depresión del equipo rojiblanco coincide con la ausencia y más tarde bache futbolístico del que ha sido el jugador diferencial del club hasta su chiquillada de Oviedo, el venezolano Darwin Machís. El extremo rojiblanco ha entrado en una fase de atolondramiento y desacierto que retrata mejor que nada el declive de toda la escuadra. El venezolano no está acertado y el Granada sin él en forma ha sido mucho menos y ahora es ya prácticamente nada.

A su mala racha une la de su compañero Ramos, una decepción sin paliativos que refleja muy bien la distancia entre los deseos del arranque de la campaña y los resultados del final de la misma. El colombiano ha estado lejos de ser diferencial, y en los últimos tiempos ha demostrado ser una sombra de lo que fue como futbolista.

De los cinco granadinistas que ocuparon las posiciones más adelantadas ante el Reus, es posible que una gran mayoría no continúe con los rojiblancos la temporada que viene, dada la condición de cedidos de Espinosa, Kunde y Machís -estos dos últimos seguro tentados por ofertas dado su buen rendimiento en el balance general de la temporada- y las dudas que pueda haber sobre la bondad de la continuidad de Ramos, que aunque en principio era un activo para marcar distancias se ha convertido a la postre en una progresiva rémora.

Es en la línea de creación donde el Granada ha tenido más carencias, y en el tramo final, en la de resolución: Joselu se estancó en nueve goles perdida la titularidad ante Ramos; el colombiano presenta un balance paupérrimo; y Machís se agostó -un solo gol ante la Cultural- a raíz de la sanción sufrida tras su inexplicable cabezazo a un contrario en el Tartiere.

En la parte de atrás Chico Flores volvió a exhibir frente al equipo catalán un repertorio de malas decisiones en la salida del balón, mientras la presencia de Germán volvió a coincidir con otra puerta a cero de los rojiblancos, si bien el partido ante el Reus no pueda servir de medida de nada por su falta de competitividad. No obstante, la ausencia de este último en muchas convocatorias de los tres entrenadores que han pasado por el banquillo local es una de las cuestiones con difícil respuesta que deja el campeonato, sin que tampoco sea el jugador en cuestión un virtuoso del balón jugado desde atrás.

La inconsistencia del colectivo en el repliegue y la contención ha penalizado mucho a la línea defensiva a lo largo de la temporada, y ante el Reus volvieron a aparecer muchas de las fisuras que han llevado a encajar goles evitables, aunque los visitantes en esta ocasión no supieron hacer sangre.

A falta de dos jornadas lo mejor será centrar los esfuerzos en planificar el plantel de la temporada venidera, donde por casi primera vez en mucho tiempo no se partirá de una situación de tabla rasa, con un cuerpo de jugadores con contrato que deben constituir una base de partida a la que aportar incorporaciones que mejoren la competitividad para la próxima campaña, esa cuestión tan puesta en duda en tantos envites de ésta, especialmente en su última y tediosa fase, y que es clave de bóveda para busca del éxito deportivo en la categoría de plata del fútbol español.

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