Granada CF

Un color especial para el Granada

Un color especial para el Granada

El conjunto rojiblanco jugó en Sevilla su primer partido en la LFP tras 22 años de ausencia y también firmó su última permanencia en Primera división

Antonio Navarro
ANTONIO NAVARROGRANADA

A pesar de que el Granada es un equipo que suele titubear como forastero, Sevilla es una ciudad que trae buenos recuerdos a la afición rojiblanca. Ya sea por sensaciones, victorias e incluso éxitos rotundos a nivel colectivo firmados allí, la ciudad de La Giralda ha sido sinónimo de gloria deportiva en bastantes ocasiones durante los últimos años y el granadinismo espera y desea que el próximo domingo ante el Sevilla Atlético su equipo dé el primer paso hacia algo más grande que el séptimo puesto actual.

En Sevilla dio el Granada sus primeros pasos en la categoría de plata tras 22 largos años de ausencia. Después de estancarse en la Segunda B, de padecer la Tercera y regatear la desaparición, el regreso a la Liga de Fútbol Profesional cambió a mejor la vida del club rojiblanco y se dio la circunstancia de que el calendario quiso que el estreno del Granada de Fabri en la Segunda División –allá por agosto de 2010– fuese en el estadio del Betis: el Benito Villamarín. A pesar de la goleada encajada (4-1) el equipo no jugó especialmente mal ante uno de los candidatos al ascenso, que lo logró de manera directa y sin tener que esperar hasta la última jornada. Los granadinos se tomaron su particular venganza en el choque de vuelta (3-0 en Los Cármenes) y terminaron por compartir con los verdiblancos el éxito del salto a la máxima categoría de cara a la campaña 2011/12.

Como era de esperar al Granada le costó cogerle el ritmo a la por entonces llamada Liga BBVA, pero poco a poco se fue haciendo respetar en casa y en su primera visita a la capital andaluza de la temporada dio el campanazo ante el Sevilla de Marcelino. Era la undécima jornada y los de Fabri no habían sumado ningún triunfo fuera de casa, pero los goles de Geijo y de Mikel Rico en los veinte últimos minutos de aquel encuentro le dieron la vuelta a un marcador adverso y sirvieron para que los nazaríes diesen por concluido el mes de octubre de 2011 con una victoria que dejó un estupendo sabor de boca (1-2).

Con ese mismo resultado el equipo granadino se aseguró los tres puntos en un duelo en el que asombró a propios y a extraños. Corría el 29 de enero del 2012 y el club había tomado la decisión de destituir al técnico de los ascensos, Fabriciano González 'Fabri', para contratar a Abel Resino e intentar darle la vuelta a una negativa racha de resultados. El efecto regenerador del nuevo técnico no tardó en llegar. En su primer partido, en Sevilla ante el Real Betis Balompié, el Granada jugó un fútbol primoroso y se adjudicó la victoria con merecimiento gracias a los goles anotados por Odion Ighalo y Carlos Martins en terreno verdiblanco. Muchos seguidores del conjunto granadino coinciden en señalar aquel partido como uno de los mejores del Granada en los últimos años. Aquel resultado a la postre tendría un valor importantísimo porque el equipo de Abel Resino llegó desgastado a la recta final, pero con 42 puntos en su casillero, que le permitieron celebrar la permanencia pese a que perdió sus tres últimos encuentros de la temporada ante Levante, Real Madrid y Rayo Vallecano.

Goleada por la salvación

La etapa del Granada en Primera división tuvo momentos muy dulces y un buen número de tragos amargos por las vicisitudes que el equipo rojiblanco experimentaba cada temporada para conseguir la permanencia. La última que consiguió en la élite también fue en la capital hispalense y ante un Sevilla de Unai Emery que se coronaría como campeón de la UEFA Europa League pocos días después. Era la penúltima jornada del curso 2015/16 y el conjunto sevillista estaba más pendiente de la competición europea que del campeonato doméstico, por lo que el Granada estaba obligado a ganar en el Pizjuán para sellar allí la permanencia y no tener que jugársela en la última jornada de Liga ante el FC Barcelona.

Es por ello que el equipo que entrenaba José González jugó prácticamente como en casa, con el apoyo de casi cinco mil incondicionales desplazados hasta el coliseo sevillista. Emery le dio la oportunidad de debutar a varios futbolistas de la cantera y la igualdad fue máxima hasta el último cuarto de hora. Un cabezazo de Babin y un gol de El Arabi dejaron sentenciado un encuentro que terminó de cerrar Isaac Cuenca, que también había marcado en la primera parte, adelantando a su equipo antes de que Diego González estableciese el empate provisional.

Aquel resultado de 1-4 fue la última gran alegría que el granadinismo celebró en Primera. Ahora la competición le concede al Granada la oportunidad de aparcar sus penas en la ciudad que vio nacer a su actual entrenador, Pedro Morilla, de pasado bético, y ante el filial del último rival al que los granadinos le marcaron cuatro goles fuera de casa.

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