GRANADA CF / LOS HÉROES DEL ASCENSO

El cerebro del mediocampo

Abel Gómez fue la prolongación de Fabri sobre el terreno de juego, el gran ejecutor de sus ideas tanto a balón parado como corrido. Granadino de adopción, no dudó en firmar como rojiblanco. Suma seis ascensos en su carrera; el último le llevará de vuelta a Los Cármenes con el Lorca

JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

Treinta minutos dedicó Abel Gómez a negociar su contrato con el Granada en su día. Presume de ello. Jugar en Los Cármenes suponía para él hacerlo en el equipo de su tierra pese a nacer sevillano: llegó con tres meses a Granada y esta lo hizo suyo. Con trece años volvió allí donde vino al mundo, fichado por el Sevilla Atlético tras destacar en el Atlético Monachil y tener un paso intermedio por el Granada 74, para poder acabar el colegio. En el verano de 2010 se le abrieron las puertas de volver a Monachil con sus padres y no tardó ni una hora en decidirse.

Volvió con 28 años tras jugar en Primera con el Murcia y el Xerez y vivir un episodio desagradable en el Steaua de Bucarest. Abel Gómez fue la brújula de aquel equipo que retornó a la cima del fútbol. Un ordenador ya fuera en el doble pivote junto a Mikel Rico o en la mediapunta y un estratega a balón parado. Jugó más de cuarenta partidos e hizo tres goles además de dar unas cuantas asistencias, bonitas como la que dio de tacón a Geijo en Balaídos.

Recuerda muy bien aquella temporada. «Fue un año importante: se formó un gran equipo, un gran grupo sobre todo. Teníamos un vestuario espectacular. A pesar de que tuvimos dificultades al principio, cogimos confianza y la gente fue dando un nivel muy alto», repasa. «Fueron muchos momentos muy bonitos, a nadie se le va a olvidar el último tramo de temporada. Sufrimos muchísimo pero no se me olvidará el ambiente de Los Cármenes en aquellos dos últimos partidos», asegura echando la vista atrás. Deja una clave de esa fiesta: «La afición estaba entregada al equipo y el equipo a la afición; veían un grupo entregado a muerte». Ascendieron.

Se despidió a la sombra de Carlos Martins y tras lograr la agónica salvación de Vallecas. Su salida fue «triste», tras tanto vivido. «El club toma la decisión de reforzarse otra manera y no quedó otra opción». Cambió la Alhambra por la Mezquita de Córdoba. «En el primer año no se cumplieron las expectativas pero al siguiente conseguimos un ascenso a Primera muy importante. Fueron tres años muy bonitos, me quedo con el cariño de la gente», rememora.

Aquel curso en la máxima categoría dejó heridas en El Arcángel, traicionado el bloque que logró la hazaña. Así lo sintió Abel, que salió al curso siguiente para jugar en el Cádiz en Segunda B. Bajaba dos categorías pero asumía un reto enorme en el que ser protagonista. Volvió a conseguirlo: su quinto ascenso, esta vez a Segunda, tras lograrlo en Murcia, Jerez, Granada y Córdoba. En la campaña todavía vigente empezó jugando de inicio, pero dejó de hacerlo. Apareció el Lorca, donde ha logrado otro ascenso a Segunda con David Vidal, quien es «tal y como se muestra en televisión».

Mensaje al Granada

Abel Gómez confiesa que sus ascensos no tienen más secretos que «mantener viva la llama a base de trabajo y sacrificio». Tiene todos los títulos de entrenador, y hasta de director deportivo. Le queda por cumplir el sueño de compartir vestuario con su hermano Moi, en el Motril. Manda un mensaje al Granada y al granadinismo: «Descender es un palo muy grande pero tiene que hacer a la gente más fuerte. Se debe hacer un buen grupo y que la afición se identifique. El que vaya a Los Cármenes tiene que ver a un equipo que se deja la vida».

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