De la capitanía a los banquillos

Diego Mainz celebra un gol conseguido ante el Osasuna.
Diego Mainz celebra un gol conseguido ante el Osasuna. / EFE

Diego Mainz es el futbolista insignia de la historia reciente del Granada. En siete temporadas consiguió dos ascensos y cinco permanencias. El equipo sólo descendió cuando él se fue, casualidad o no. Ahora sueña con dirigirlo desde el banquillo, ya formado

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Diego Mainz se define como granadino y granadinista a pesar de haber nacido en Madrid. Su apego a la ciudad y el club es tal que piensa dedicarles el resto de años de su vida. Su ciudad, su club. En sus siete temporadas en Granada queda una marcada a fuego: la del ascenso a Primera. «Se hizo una piña como en ningún otro año», asevera convencidísimo. Su presente y futuro pasa por los banquillos de la ciudad y por servir al Granada en lo que pueda, soñando con algún día dirigirlo.

Había terminado contrato con el Albacete en Segunda. Tenía experiencia en Primera con el Rayo y firmar con un club de la Serie A italiana como Udinese parecía una buena idea, aunque le obligaran a pasar por Granada en Segunda B. «Fue una apuesta que hice, un paso atrás, es verdad, pero para pelear por un ascenso», razona. Lo consiguieron y se enamoró de todo cuanto rodeaba al club. Pidió seguir: «Fueron los dos mejores años de mi carrera, por resultados y por el día a día. En Segunda desde el primer día fuimos un equipo de verdad, con mayúsculas». El resto es historia.

Cinco permanencias sufridísimas en las que «tuve la suerte de terminar jugando cada año pese a llegar otros futbolistas». Conforme pasaban los años lo fueron «lastrando las lesiones musculares y de no ser por eso habría jugado bastante más». «Tuvimos momentos muy duros y de sufrir muchísimo pero te quedas con la satisfacción de cumplir el objetivo aunque fuera en los últimos minutos. La alegría es muy grande», concluye.

De entre todas las parejas de zaga que ha tenido en Granada se queda con Íñigo López. «Ha sido con el que mejor me he entendido. No nos hacía falta ni hablarnos, sólo mirarnos. Somos amigos y le admiro», afirma.

Con la retirada de Manolo Lucena en junio de 2013, Mainz pasó a ser el capitán del Granada. «Ha sido un orgullo. Te hace ver lo que has sido en el club y en el vestuario. He intentado desde el primer día aportar todo lo que he podido y es un reconocimiento que deja ver que lo has dado todo y has peleado desde el primer día. Representar a un club con el brazalete en el campo es algo muy, muy bonito», reflexiona.

La retirada

A Diego Mainz lo retiraron las lesiones al acabar la 2015/16. Su contrato expiraba pero tenía ofertas. «Desde enero no podía casi ni correr ni entrenar. Ni me comí la cabeza, me veía la rodilla inflamada a diario», detalla con pesar. Ahora piensa en dirigir desde los banquillos, como ha hecho este año en el Prebenjamín B del Granada junto a Manu Gallardo y José Antonio Gutiérrez. Una experiencia «muy bonita y en la que he aprendido muchísimo» como prácticas para obtener el último nivel de entrenador.

«Estar en el otro lado, en el del banquillo. Me gusta y he disfrutado este año muchísimo con los pequeñajos. No tengo prisa porque soy joven. Me gustaría seguir con la cantera y quién sabe si entrenar al primer equipo. Mi idea es seguir aquí y el club sabe que no tengo ningún tipo de problema para cualquier otra faceta. He dado todo en Granada y voy a seguir aquí siempre», firma el alto ya exfutbolista madrileño, otrora dominador de los cielos de Los Cármenes. Su mujer es granadina y su corazón también. Diego Mainz es incapaz de verse en otro sitio.

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