Cabeza de ratón

El Granada mostró hechuras de equipo serio ante el Osasuna, otro de los cuadros que aspiran al retorno a Primera, en un duelo intenso a pesar de que no se moviera el marcador

Cabeza de ratón
AGENCIA LOF
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADA

Durante las seis campañas últimas del Granada en Primera era frecuente encontrar en los foros de aficionados rojiblancos referencias a las bondades de la estancia en Segunda auspiciadas por el recuerdo de aquella temporada fulgurante en casa que llevó al equipo a la máxima división del fútbol español comandado por el inolvidable Fabri. Las penurias de la élite, con el equipo instalado permanentemente en las zonas más bajas de la clasificación, y el sufrimiento aparejado, hacían evocar los tiempos pretéritos como el culmen de la felicidad para la hinchada.

Surgía el debate de si merecía la pena ser cola de león en Primera, o se estaría mejor como cabeza de ratón en Segunda. Indudablemente el paso por Primera trajo también satisfacciones en forma de victorias inolvidables ante los grandes por la mínima, Real Madrid y Barça, o ante equipos punteros como Athletic, Sevilla, Villarreal o Real Sociedad, entre otros, en algunas ocasiones con tanteos rotundos. Y sobre todo, puso nuevamente al Granada en lo más alto de la atención futbolística nacional e internacional, lo volvió a recuperar como uno de los equipos históricos del balompié nacional, y revivió a una ciudad y una afición que habían estado aletargadas en lo futbolístico demasiado tiempo.

En El Sadar el Granada alcanzó la posición de líder de Segunda, que mantendrá al menos hasta la noche del lunes 6, y que conservará salvo gran descalabro del Zaragoza ante sus vecinos del Huesca. Para ello tuvo que mostrar hechuras de equipo serio ante el Osasuna, otro de los cuadros que aspiran al retorno a Primera, en un duelo intenso a pesar de que no se moviera el marcador.

Los locales fiaron todo al balón parado y a esporádicos centros desde las bandas, casi todos localizados en los inicios de ambos periodos, donde los pamplonicas empujaron al Granada hacia su meta, intentando embotellarlo. Ahí demostró el cuadro rojiblanco, en Pamplona uniformado otra vez de verde turquesa, la sobriedad y solidez de su sistema defensivo, que ha ganado enteros desde la llegada de Chico Flores, un auténtico cacique del área, capaz de ordenar, cortar, imponerse por arriba, secar al delantero rival y tratar con rigor el balón desde atrás. La pareja con el francés Saunier ofrece garantías sobradas por ahora, y Varas asiste partido tras partido a muy pocos sobresaltos desde que el gaditano apareció por delante de él. Si a ello se une que los laterales parecen más asentados, con un Víctor Díaz estelar en Pamplona en el plano defensivo, la fortaleza atrás que buscaba Oltra parece ya encontrada.

Frente al fútbol directo osasunista, el Granada replicó con un juego más combinativo que le llevó a dominar los finales de cada uno de los tiempos, donde hubo la sensación de que los de Oltra podían alcanzar algo más que las tablas, si bien las ocasiones no fueron especialmente claras, al igual que pasó con las del equipo local. Una buena noticia en Pamplona fue el mayor protagonismo del media punta Espinosa, que parece cada vez más entonado y engranado con Montoro, nuevamente erigido en manija del equipo. Cuando ambos aparecieron en torno al balón, el único equipo que jugaba era el Granada. Faltó empero esa profundidad y decisión habida en otros partidos en las proximidades del área rival, sobre todo porque Machís estuvo bien tapado por Lillo casi durante todo el partido, y cuando éste se abrió en su tramo final, el venezolano no tuvo el tino demostrado en otras jornadas.

A pesar del empate sin goles no fue un duelo aburrido, ni mucho menos. Incluso el Granada llegó a mostrar durante fases donde controló el juego un empaque de equipo con las ideas muy claras y con calidad para la combinación. Montoro, Espinosa, Pedro y Machís, con las incorporaciones de los laterales Víctor Díaz y Álex Martínez, se acercaron con peligro y criterio al área osasunista, aunque siempre faltó el pase certero final, el desmarque preciso, o el remate indicado para alcanzar el gol. Joselu no consiguió dirigir un solo remate al marco contrario y en la única que tuvo, de cabeza en la segunda parte, se encontró con la cabeza de un defensor local desviando su intento.

Quizá al Granada le faltó la guinda de apostar por la victoria de una manera más decidida, arriesgando un poco más. Pero posiblemente el equipo era sabedor que el empate además de ser un buen resultado en tierras navarras, le aupaba a la primera plaza, cuestión probablemente anecdótica dado lo que resta de campaña, pero que insufla sin lugar a dudas una gran dosis de moral a una plantilla que empezó la campaña con titubeos.

No puede considerarse ni mucho menos el empate ante el equipo navarro un paso atrás en la racha victoriosa de las últimas jornadas de la escuadra rojiblanca. Antes al contrario, debe tomarse como una afirmación de su capacidad de competir y de aspirar a lo más alto en esta temporada ante uno de los rivales en principio de mayor calidad. El camino hasta el final de temporada va a ser sin duda largo y duro, por lo que no se debe bajar la guardia ni la intensidad demostrada en las últimas jornadas, continuando con el asentamiento del equipo. Oltra parece haber decidido y conformado un once titular donde caben sólo ligeros retoques. Pensar que jugadores de la capacidad de Sergio Peña o la calidad de Adrián Ramos deben ganarse el puesto en el mismo es la mejor garantía de que todo se está encaminando por ahora de forma adecuada.

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