LA CONTRACRÓNICA

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ALFREDO AGUILAR

El equipo se mueve entre minutos con sensación de absoluta superioridad sobre los rivales y fases de baches

EDUARDO ZURITA AFICIONADO DEL GRANADA CF

Sigue el Granada “haciendo la goma” en términos ciclistas, con una trayectoria casi impoluta en casa, donde se cuentan por victorias las comparecencias desde el tropezón ante el filial sevillista, allá por principios de noviembre, y con visitas a domicilio que se contabilizan por derrotas con demasiada asiduidad, sobre todo en la última fase de campaña. Cada fracaso a domicilio se responde con un triunfo como local, y la distancia perdida se recupera para acercarse otra vez a la cabeza.

Ante el Tenerife se volvió a ganar y también a mostrar de nuevo algunas de las muchas debilidades que impiden que la escuadra rojiblanca esté en lo más alto aspirando al ascenso directo. El equipo se mueve entre minutos con sensación de absoluta superioridad sobre los rivales y fases de baches donde la desconcentración en el juego le llevan a perder el ritmo del encuentro y a encajar goles muy evitables.

Tras comenzar el partido ante los chicharreros con un susto tras un tiro ajustado de Milla que a punto estuvo de batir a Varas, el Granada recobró la alegría gracias a su jugador más brillante en lo que va de campaña, el venezolano Machís, que volvió a marcar un golazo con un disparo inapelable que otra vez encontró con éxito la escuadra izquierda rival. Le hacía falta al delantero este tanto tras el parón de su lesión y su vuelta timorata en los dos pasados encuentros. Pero si lo de Darwin fue una obra de arte, Sergio Peña a renglón seguido levantó a todo el estadio de sus asientos con una volea dirigida a la otra escuadra de la meta tinerfeña para aumentar la ventaja. Un gol majestuoso que premió el buen fútbol del peruano durante este primer periodo.

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Otras tres ocasiones tendría el Granada hasta el descanso para cerrar el partido: Peña otorgó un pase magnífico desde la banda derecha a Machís, pero el meta Dani Hernández, quizá harto de sólo recoger pelotas desde dentro de su red, cerró bien espacios para evitar el tercero; lo impediría otra vez poco más tarde tras otro tirazo de Kunde desde fuera del área; y se aliaría con la fortuna con el fallo de Ramos en su intento de rematar con el pie en plancha tras un rebote en una nueva clara ocasión para los locales.

Antes del descanso el Granada había sido mejor que su rival, pero no había que olvidar que la distancia en el marcador fue conseguida gracias a dos obras cumbres de la técnica del disparo lejano. El Granada se mostró muy superior al Tenerife durante la última media hora de la primera parte, con un Montoro muy entonado que mejoró la salida y la circulación del balón, sin obviar la eficacia en la labor de corte, y con un Peña, que aparte de la obra de arte de su gol, cuajó quizá la mejor actuación como rojiblanco en este periodo, donde a su tradicional habilidad para llevar el balón añadió una mayor profundidad en sus asistencias, quizá animado por el acierto encontrado por él mismo de cara a meta.

Otra vez, como ante el Zaragoza, la segunda parte se tornó en un suplicio a medida que avanzaba el reloj y el Granada bajaba en su capacidad de crear peligro, prácticamente reducida a una sola ocasión de Pedro a pase de Ramos. A pesar de ello el marcador no se movía, sobre todo por la falta de puntería de los tinerfeños y alguna buena intervención de Varas. Los visitantes se hicieron amos y señores de todo balón por alto que se disputase en las inmediaciones del área rojiblanca y empezaron a cundir los nervios, con un Montoro desdibujado en este segundo tiempo, un Peña mucho más desconectado y unos centrales que se las veían y deseaban para contener los envites rivales.

Se capeó el temporal y se fortaleció el tapado de huecos con la salida de Quini por Pedro. Hjulsager debutaba tomando el relevo de Machís a falta de los últimos diez minutos cuando todo parecía decidido. Y entonces entró en acción el colegiado Díaz de Mera, que ya se había empeñado en ser protagonista durante todo el encuentro a base de decisiones cuando menos excéntricas. Como colofón de todas ellas expulsó a Peña cuando se dirigía a vestuarios para ser suplido por Joselu y sin que aparentemente el peruano hubiera hecho alarde de caminar despacio para perder tiempo.

La estrambótica decisión arbitral hizo entrar en un estado de desconcentración absoluta a los locales. Una falta a favor del Tenerife permitió, ¡cómo no!, que Juan Villar rematase con total comodidad para batir a Varas y acortar distancias. Otro gol encajado a balón parado, con carencias de posicionamiento en el centro de la zaga, algo que parece poder impedirse trabajando mejor este tipo de jugadas que se han convertido en una rémora para el equipo. De ahí hasta el final muchos nervios, apuros en un remate franco detenido por el portero granadinista y mucha suerte en una jugada del ataque tinerfeño por banda que Saunier a punto estuvo de alojar en su propia meta al desviar la pelota, evitándolo el poste.

Era importante vencer para no perder más comba y acortar distancia con los rivales de arriba que sólo habían empatado en esta jornada. Pero las dos últimas victorias en casa han mostrado a un Granada inquietantemente mutante entre el de las buenas imágenes de las primeras partes y el de las debilidades manifiestas de las segundas. Lo apurado de los triunfos ante Zaragoza y Tenerife son avisos de que se está aún lejos de que el equipo muestre el carácter compacto que debe derivarse de sus atributos individuales y técnicos, y de que se sigue padeciendo en exceso en balones parados que llegan frontales al área propia y terminan en goles. Esas carencias y desconexiones de los segundos periodos en casa pueden explicar también la falta de empaque que impide conseguir buenos resultados cuando se abandona el propio domicilio.

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