Aquel avión que cometió un error

Juanjo Collantes lanza un avión de papel en un partido./IDEAL
Juanjo Collantes lanza un avión de papel en un partido. / IDEAL

Collantes fue el brillante dueño de la banda derecha del Granada en sus dos ascensos. En mitad de la temporada en Segunda planteó su situación, al acabar contrato. Le pidieron esperar y se precipitó firmando por el Cartagena. Nunca se arrepintió tanto de una decisión deportiva

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELAS

Su carrera vertiginosa abría un surco en la banda derecha de Los Cármenes. Emprendía la embestida a trancos cortos pero de frecuencia altísima. Cuando Juan José Collantes pulsaba el botón, podía romper la barrera del sonido, descoyuntando defensas sorprendidos, incapaces de detectar a aquel avión de San Fernando, un auténtico caza de combate, compacto y letal. Llegó al Granada en el mercado de invierno de la temporada 2009/10 y en un año y medio celebró dos ascensos. Pero antes del último entorchado, cometió un error. Quizás el más grave de su trayectoria. Algo que le impidió seguir disfrutando de rojiblanco.

«Fue un fallo, a veces pasa en el fútbol. Terminaba contrato en junio y hablé con el club. Me dijeron que tenía que esperar al final de temporada para que se decidiera mi futuro, por si se ascendía o no. El Cartagena, entre tanto, me presentó una oferta por tres temporadas, con buenas cantidades. Encima había estado a punto de ascender el año anterior. Sobre marzo firmé, aun teniendo dudas. Me equivoqué, porque el Granada subió, contaba conmigo y estaba a gusto. La gente me quería. Pero no había manera de romper el nuevo contrato. Para no meterme en más líos, no le di más vueltas. Fue una pena. Fabri quería que siguiera», rememora hoy con nostalgia.

Aquella decisión le impidió debutar en Primera división, aunque a esto en sí le quita hierro. «Es una anécdota, porque lo importante al final es mantenerse en esa categoría, no sólo estrenarse. Por lo menos tengo el orgullo de haber estado muchísimos años en plenitud en Segunda, tampoco me puedo quejar. Me queda esa espina clavada de haber llegado con el Granada, por lo que pasamos. Fue espectacular», resalta feliz.

A Collantes no le fue bien en su nuevo destino. Sí en lo personal, no tanto en lo colectivo, pues sufrió el descenso. «Fue un palo fuerte. En fútbol nunca sabes qué es lo que puede pasar», asume. De ahí se fue al Sabadell, donde pasó tres campañas, manteniendo un ritmo alto de juego, marcando goles, un sello característico, a pesar de partir desde el costado casi siempre. De ahí recaló en el Alcorcón, con el que estuvo a punto de disputar el 'play off', hasta llegar el curso que acaba de vencer, en el que tras tenerlo a mano, por desgracia sufrió una nueva caída con el UCAM Murcia. «Teníamos cinco puntos respecto a los últimos puestos a falta de varias jornadas, pero caímos en barrera. Tenía una cláusula de renovación, pero al bajar he quedado liberado», apunta. «Tengo 34 años y se va acercando la fecha de caducidad. Me cuido, entreno bien y creo que todavía puedo dar más de mí. Nunca he tenido lesiones graves», subraya.

A Collantes le encanta rescatar sus vivencias como nazarí. «Lo mejor era el entusiasmo de la gente. Todos te saludaban por la calle. El ambiente era tremendo. A los jugadores nos daba alas», reconoce. .

Considera que para que un equipo se eleve hace falta que se junten varios factores. Buenos integrantes, algo de suerte, y «un entrenador que conozca la categoría, con experiencia y que motive al vestuario. También gente adaptada a la categoría, que sepa que la Segunda es larga, que hay momentos malos y buenos, y que el rendimiento es diferente. Tener calidad pero saber adaptarse a sus exigencias», concluye.

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