Granada CF

Aquellas tardes en Los Cármenes del gato

Roberto calienta antes de comenzar un partido con el Lugo en el estadio Anxo Carro. / EL PROGRESO

Roberto vuelve a Granada con sensaciones «especiales» para vivir «un momento único» ante su exafición

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZ

La historia reciente del Granada no se entiende sin Roberto Fernández. Ni la carrera profesional del portero de Chantada sin el club rojiblanco. Se separaron en 2015 tras acabar un bonito ciclo de cinco temporadas y ahora se encuentran como rivales en el campo, aunque presumiblemente el gallego tendrá que vivir su regreso a Los Cármenes desde el banquillo. Vaticina un momento «único» cuando se asome por el túnel de vestuarios al que fue su estadio mucho tiempo. El recibimiento será de héroe.

Llegada a Granada

«Fue una de las decisiones más difíciles de mi carrera»

Llegó al Granada con el cartel de portero de Primera pero decidió salir de Pamplona para buscar el protagonismo que esperaba. No le importó volver a Segunda división desde la élite, aunque reconoce que «fue una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi carrera. «Venía de Gijón de conseguir un ascenso a Primera, en Osasuna estuve dos años pero no me sentí lo importante que uno se quiere sentir en un equipo. A pesar de que me quedaba un año de contrato decidí buscarme una salida. Buscaba un reto importante y donde me sintiera valorado, no me importaba la categoría», recuerda.

Tuvo oportunidades de ir «a un equipo de Primera» pero «Quique Pina y Juan Carlos Cordero me plantearon un proyecto para subir en dos años a Primera y de ahí que me decidiera. Al final salió bien desde el primer año». No todo era tan bonito al principio. «Cuando llegué en 2010 a Granada noté mucha diferencia de lo que eran las infraestructuras de un equipo de Primera a lo que había en Granada. Sin ciudad deportiva, la estructura del club era inferior a equipos potentes pero mi tranquilidad era la ilusión que había en los trabajadores del club y los aficionados. Intentar cada día ser mejores. Al principio nos costó arrancar porque siempre hay diez-doce jugadores nuevos y hasta que el equipo se adapta hay un proceso que hay que pasar. Pero se veía que había muy buenos futbolistas y que iba a tirar hacia arriba», explica.

Hubo situaciones muy complicadas a pesar de todo, pero «en los momentos buenos y en los malos el vestuario es muy importante. Que haya gente de peso, responsable, que en momentos malos levante a los compañeros y en los de euforia los rebaje. Lo que nos salvó aquella temporada fue que había jugadores contrastados, con experiencia. Mirabas las cara de los compañeros y veías que todo el mundo quería ir a la misma. Ese equipo estaba predestinado a ascender o a pelear por ello», dice convencido.

Su papel en el vestuario fue fundamental. «Varios de los que estábamos teníamos que apoyar, que tirar. Los capitanes, como Diego Mainz, que siempre estuvo muy implicado... Aparte de lo que se puede hacer dentro del campo, en el día a día en un vestuario es muy importante que haya líderes que den ejemplo con su trabajo. Estoy muy contento de mi trabajo pero sobre todo de mi comportamiento en el grupo», señala complacido.

Aprender a sufrir

«Es mucho más difícil pelear por la permanencia»

No hubo vértigo a la Primera: división porque «la mayoría de los que nos quedamos sabíamos que íbamos a ser jugadores importantes también. Nos sentíamos fuertes, responsables para conseguir el objetivo de la permanencia. Se pasaron momentos difíciles pero la afición siempre apoyó y se mostró muy inteligente para saber sufrir. Una permanencia es muy importante y parte de ese éxito corresponde a los aficionados. El cariño y el apoyo que recibimos fue fundamental», recuerda Roberto.

Desgaste de la permanencia es «mucho más difícil» de llevar que un año peleando por el ascenso porque «en Segunda pierdes dos partidos pero sabes que a la semana siguiente puedes ganar, pero en Primera es más difícil. La fortaleza mental debe ser muy superior. Debes trabajar sin pensar demasiado en los resultados porque si no el futbolista no se atreve a hacer tantas cosas», asegura.

Siempre fue protagonista pese a que se tuvo que enfrentar a rivales duros para un solo puesto: «En Granada hubo mucha competencia y yo trabajé para jugar siempre. Me sentí muy querido y mi trabajo constante me ha ayudado, por eso me siento muy satisfecho de haberlo dado todo hasta el final por un club que también me lo dio todo».

Su salida era inevitable. «Hay momentos en los que hay que dar pasos. Se acababa una etapa, yo estaba muy feliz y podría haber continuado pero hay ciclos que terminan», reconoce. «Esperé hasta el último momento y una de las opciones que quería era volver a Galicia, porque llevaba mucho tiempo fuera. La familia quería que estuviésemos cerca así que dimos el paso».

Se planteó su renovación por el club granadinista, pero no llegó. «Hablamos pero nunca llegamos a un acuerdo. No hubo siempre un buen ambiente para la renovación, como otras veces. No me marché de Granada por una cuestión deportiva, sino porque quería acercarme a casa para vivir otras experiencias».

Lugo, nuevo destino

«Siete partidos para alcanzar los 400 como profesional»

De nuevo bajar a Segunda: «Muchas veces no tienes que mirar la categoría sino dónde tu familia y tú vais a estar más felices. Sentirte importante y trabajar a gusto tiene mucho valor». Su reto más cercano ahora es jugar «siete partidos para alcanzar los 400 como profesional y espero conseguirlo pronto».

Esperaba más protagonismo en su regreso a casa. «La primera temporada fue de las más duras que he vivido. Tuve la mononucleosis, la llamada 'enfermedad del beso', que me contagiaron a través del colegio de los niños y estuve tres meses parado. Cuando regresé tuve una rotura del pómulo que me dejó fuera otro mes. Me ha costado entrar en el equipo pero cuando he jugado creo que he hecho buenos partidos. La gente del club está contenta conmigo, pero sí que es cierto que me hubiese gustado tener más participación. Hay que respetar las decisiones del entrenador», argumenta con cierta frustración.

Le toca desempeñar otro rol: «Me gustaría tener más minutos pero tengo que respetar las decisiones. Es una pena porque la verdad es que me encuentro muy bien. Me gustaría haber jugado estos partidos, que eran importantes para mí, pero hay que tener paciencia y estar con la cabeza alta».

Mientras tanto, ha ido sembrando de cara al futuro. «Quiero seguir ligado al mundo del fútbol. Tengo los tres títulos de entrenador y el de porteros. Es una de las facetas que más me gusta, el poder transmitirle a los porteros esas vivencias que he tenido. Ojalá pueda ser algún día entrenador de porteros porque le tengo devoción y quiero seguir aprendiendo», relata.

Eso sí, sin fecha de caducidad fijada. «Mientras me encuentre bien quiero seguir jugando, pero tengo otras inquietudes, así que pensaré si seguir o dejar paso a otros porteros», reconoce.

Regreso a su «segunda casa»

«Oltra es uno de los mejores entrenadores de la categoría»

Vuelta a Granada: «Siempre me he sentido valorado. Me han tratado muy bien en Granada. Mantengo amigos allí. Por las redes sociales he notado el cariño de la afición. Tener mi imagen en la puerta de Los Cármenes es algo histórico que me hace muchísima ilusión. Siempre será una ciudad especial, allí nació mi hijo Leo», señala.

Esta semana se ha cruzado muchas llamadas a Granada «con algunos trabajadores que siguen allí, con amigos, aficionados... muchas llamadas y por redes sociales. Mucha gente con ganas de que vaya y espero tener un buen recibimiento», algo de lo que no hay duda. «Tengo muchas ganas de saltar a Los Cármenes, donde tantas tardes hemos pasado juntos. Va a ser un momento especial. Siempre ha habido 'feeling' con la afición. Un momento único que tengo ganas de vivir», vaticina.

Pocos compañeros quedan de su etapa: «Está Machís, Puertas -estaba en el filial-, Joselu (coincidió en Lugo), con el que tengo una buena relación. Grandes jugadores todos, el Granada tiene una gran plantilla y es un claro candidato al ascenso. También tiene uno de los mejores entrenadores de la categoría y eso es fundamental. Sabe llevar muy bien el grupo y tiene una experiencia muy importante». El partido será, dice, «muy igualado, con muchas ocasiones. Los dos equipos vamos a ir al ataque», dice convencido.

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