Más análisis que bronca ante el partido clave

LA PLAZOLETA

Mucho se ha reflexionado en el Granada tras el fiasco en Lorca. Morilla ha cerrado filas con sus ayudantes para encontrar la fórmula que solvente la situación y ha decidido dejar de escribir en redes sociales

RAFAEL LAMELAS

Un buen médico puede no convertirse en un buen cirujano porque no es lo mismo el diagnóstico que la operación. Seguramente Pedro Morilla detectaba los síntomas que afectaban al Granada de Oltra pero al aplicar sus remedios tempranos, el mal no ha remitido de momento. Se ha reavivado con intensa virulencia. Al mismo tiempo han aparecido, sin querer, otros problemas que permanecían adormecidos. Con poco margen para rectificaciones se enfrenta a una evaluación decisiva este sábado, con el prejuicio de la inexperiencia impregnándole. La medicina ante la enfermedad ha de llegar con trabajo adecuado y el apoyo de sus ayudantes. Todo sostenido por la acción de los propios futbolistas, agentes decisivos en lo bueno y en lo malo, sin menospreciar algo aleatorio pero imprescindible como la suerte. Evitar así que la resaca del encuentro ante Osasuna se transforme en un infierno, caldeado en esas redes sociales de las que ha decidido marcharse de momento, a buen seguro para no soportar la vehemencia de ciertas críticas del entorno más desbocado.

Su salida temporal de Twitter parece un asunto menor, pero resulta preocupante. Ni estaba obligado a ser activo al escribir ni a responder a las provocaciones que sufrirá. Pero retirarse es un gesto de debilidad. Lo justifica en concentrarse en su misión, en que no tiene quien se las lleve, como sí ocurría con su predecesor, al que no cita. Suena a excusa. Es un hecho poco relevante para lo fundamental, pero esclarecedor de lo que está soportando por dentro. Delata que le afecta lo que lee y con esto ha de saber convivir al final. Lo quiera o no, es parte de la responsabilidad de un entrenador profesional del siglo XXI.

Le han concedido una oportunidad extraordinaria que habrá quien piense que no se corresponde con su modesto currículo en los banquillos, aunque haya podido demostrar conocimiento en su otra vida posterior en los despachos y de cara a la actual directiva, que le tiene en alta consideración. Él sabe que la empresa es a doble o nada y que cualquier ataque le vendrá por ahí. Con resultados puede disuadir a estos críticos.

La cúpula ha confiado en él porque ha observado saber y determinación. Valora que construyera un filial de cero y respeta su gestión en el vestuario con los chavales. Pero en el 'B' no había más presión que la de salvar la categoría. No era poco tras semejante catarsis, pero no se puede comparar con el desafío actual. Ahora convive con un reto mayor en unas circunstancias difíciles, con ansiedad en el ambiente y varios enemigos dispuestos a recordar el poco vuelo de su trayectoria como preparador.

El entrenador se enfrenta a los prejuicios que aviva la evidente modestia de su currículo en los banquillos

Tras salvar la papeleta ante el Numancia con un juego débil pero un resultado positivo, llegó el terrible duelo de Lorca. A la espera de comprobar las secuelas, la semana ha tenido más análisis que bronca. Muy distinto a ese grado de amenaza que existía en tiempos de Pina y Cordero, cuando estos ponían las cosas en su sitio en la intimidad.

Se tiende a pensar en la efectividad de estas alharacas, aunque puede que no existiera tanta relación causa-efecto. Los jugadores son adultos y saben lo que hay. La jerarquía ha cambiado, aunque ahora mismo no quede claro si las medidas son mancomunadas o del director deportivo. Morilla no quiere tuits mientras busca la receta de un ascenso que cambie su vida, como le pasó a otro que tampoco conocía ni la Segunda ni la Primera cuando llegó aquí. Fabri, aquel que le complicó el asunto este domingo. Ahora le toca quirófano.

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