Granada CF

La afición castiga, indulta y acaba indignada con la temporada

Pitos al final del partido y algunos pañuelos. /Ramón L. Pérez
Pitos al final del partido y algunos pañuelos. / Ramón L. Pérez

Las decisiones arbitrales y la mala gestión del Granada de los últimos minutos terminan con la paciencia de una hinchada cansada de esperar

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGRANADA

Caras de asombro. De estupefacción. Enfado, rabia, tristeza... Todos los calificativos caben en esta serie en la que la afición se siente maltratada por el fútbol y por su equipo una vez más. Antes de comenzar el encuentro la película era otra. El final pilló con el pie cambiado al personal. Nadie imaginaba que se iba a desarrollar un partido así, con un desenlace cruel que se une a la lista de desdichas y despropósitos propios y ajenos de un equipo en caída libre.

El debate entre animar o censurar estaba presente en la cabeza de una amplia mayoría del electorado. Solo unos pocos tienen claro que no emitirán su juicio condenatorio hasta que acabe el partido o, por el contrario, vienen con el propósito de objetar contra cualquier fallo de su equipo. Ese ambiente difícil de llevar es el que se respiró en Los Cármenes desde bien temprano. Solo un cuarto de hora de margen gracias al buen juego con el que arrancó el equipo de Morilla aplacó a los que llegaban al estadio con ganas de silbar. Para acabar de conquistar a los indecisos Kunde marcó el primero de la tarde-noche. Todo parecía volver a los cauces normales de un equipo hecho para ganar.

Pero esa presión alta y las llegadas se fueron esfumando. Ese Granada con ganas, con futbolistas que querían la pelota, que apretaban en la salida del balón de la Cultural y provocaban el error, dieron paso de nuevo a un conjunto desordenado que le ofreció al rival el espacio necesario para desarrollar su juego de elaboración. Un palo y varias llegadas sirvieron de aviso y acabaron por hartar a una hinchada que ya no perdona ni una. Minutos seguidos de control total del juego mientras los rojiblancos se cansaban de correr detrás de la pelota. Logró al final volver a conectarse algo en el partido, con más balón y alguna llegada que quedó en nada pero al menos disipó ese runrún.

Sin embargo, hubo pitos al final de la primera parte. La gente no necesita un Granada arrollador, pero sí uno que muestre cierta querencia por agradar. No ayudan actitudes como la de Espinosa, un futbolista demasiado frío, con calidad pero siempre intermitente que cuando desconecta acaba por desesperar a la grada y a los compañeros. Montoro, con fútbol y coraje, intentó suplir sus indecisiones.

Lo inesperado

Después, en la segunda parte, la película cambió radicalmente y con ella el sentir de una hinchada que ya no tiene motivos para sonreír. Pudo ver cómo su equipo era capaz de volver a competir con ilusión después del descanso, logró dos goles y pudo anotar alguno más. Los futbolistas, los que de verdad pueden sacar esto adelante, dieron el paso. Esos, como Machís, Montoro, Ramos o Kunde, que son capaces de desnivelar la balanza con un gesto. De todos ellos nacieron las grandes ocasiones, sin un fútbol extraordinario pero suficiente para solventar la situación.

No hubo pitada inicial pero sí final tras otra frustrante jornada en Los Cármenes

Igual que se demostró que hay futbolistas que marcan las diferencias en la plantilla en la categoría, también que el estado mental del equipo es tan débil que se desmorona ante las adversidades. Y eso que la hinchada, un poco adormilada en el segundo acto por la falta en cierta manera de ritmo, despertó enfurecida cuando el colegiado comenzó a administrar decisiones en contra de los intereses locales, algunas acertadas y otras más que discutibles.

La afición se marchó enfadada. Una atronadora pitada se escuchó en Los Cármenes. Difícil diferenciar hacia quién iba dirigida. Seguramente hacia todo y todos. Al árbitro por sus castigos, al rival por celebrar en sus barbas y a los suyos por tanto.

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