Granada CF | Contracrónica

No se aceptan excusas

No se aceptan excusas
J. M. BALDOMERO

El bagaje de un punto en dos duelos a domicilio ante sendos rivales hundidos en la tabla, carne de Segunda B, es sencillamente vergonzoso, injustificable, carente de cualquier excusa

EDUARDO ZURITAGRANADA

El Granada de Morilla no reacciona. Antes al contrario, está en un proceso de degradación flagrante, mucho peor en sensaciones que bajo la dirección de Oltra. El club se encamina al segundo fracaso deportivo consecutivo desde que cambiase de dueño. El bagaje de un punto en dos duelos a domicilio ante sendos rivales hundidos en la tabla, carne de Segunda B, es sencillamente vergonzoso, injustificable, carente de cualquier excusa. La actitud del equipo en ambos duelos no tiene ni justificación ni perdón. Se ha tirado a la basura, de manera lamentable, cualquier opción de aspirar a los dos puestos de ascenso directo y se ha puesto en serio peligro la promoción, dado el calendario de rivales que resta.

La actuación rojiblanca en el feudo de la Ciudad Deportiva del Sevilla CF fue bochornosa. Ni un atisbo de amor propio, de intensidad, de búsqueda con convicción de la que era una victoria imprescindible, como si ya el equipo no se jugase nada. Inadmisible la excusa dada por Morilla de una supuesta ansiedad de un grupo de profesionales bastante bien remunerados ante un equipo de jóvenes meritorios incapaces de generar auténtico peligro y con algunos puestos cubiertos por juveniles ascendidos para tapar ausencias. La llamada por algunos mejor plantilla de Segunda -resulta en estos momentos hasta irrisorio mencionarlo-, tiene el dudoso honor de no haber vencido en dos envites a un equipo que sólo ha ganado cuatro contiendas en lo que va de liga, es decir, que presenta en Segunda un bagaje de resultados similar al del propio Granada de la nefasta temporada pasada.

Se aprecia una falta absoluta de personalidad en un equipo que está sin alma, donde todos parecen mucho peores de lo que realmente son, y sobre todo mucho peores que en jornadas anteriores de esta misma campaña, donde el desánimo y el atolondramiento se contagia hasta a los que siempre han dado la cara, caso de Kunde, con una actuación realmente mediocre ante el filial sevillista, o del hasta ahora eficiente Álex Martínez, que entró en una cadena de malas decisiones llamativas en el tramo final del encuentro, cuando ya el equipo daba muestras de nadería absoluta.

El equipo es ya incapaz de llevar la manija y el control del juego ni en tramos parciales del partido. No existen ni esos veinte minutos de los encuentros de la etapa de Oltra en que parecía que se sabía a lo que se jugaba. Montoro se encuentra perdido desde hace varios partidos, incapaz de capitanear con tino y ritmo al equipo. La finalización está huérfana, entregada la titularidad al limitadísimo Manaj, incapaz de rematar dos buenos centros de Agra en la primera parte que merecían simplemente un delantero fibalizador adecuado para la categoría. El portugués fue lo único potable en ataque hasta que tuvo fuerzas, y las escasas ocasiones generadas siempre vinieron de acciones individuales del mismo. El resto del equipo se confió a él, buscándolo con desesperación a las primeras de cambio, con pases largos en muchos casos con nulo tino.

Si al Granada de Oltra se le achacaba debilidad defensiva, no es que se haya mejorado especialmente en esta parcela, donde algunas lagunas empiezan a transformarse en océanos. Chico sigue en un proceso de rendimiento cuando menos cuestionable, con abundancia de duelos individuales perdidos, incluso ante debutantes como el motrileño Miguel Martin. No parece que haya mejor respuesta defensiva y el haber dejado a cero la meta ante el Sevilla Atlético no debe ser tomado como un paso hacia adelante, pues el equipo se vio desbordado en frecuentes ocasiones donde la impericia e ingenuidad del rival evitaron que el desastre fuese aún mayor.

Se ha perdido por el contrario la eficacia goleadora que otrora se demostró, y ni siquiera en las ocasiones flagrantes se consigue doblegar al rival. Manaj volvió a llegar tarde en la segunda parte a un estupendo taconazo de Alberto Martin tras la única jugada de mérito futbolístico y trenzada profundidad realizada entre Pedro y Álex Martínez. Más tarde, otra espuela de calidad de Ramos a pase de Agra no fue gol por la acción salvadora de un defensa local en la raya de gol. Fue el último estertor de un Granada que no merecía más, al igual que el filial sevillista. El empate en incapacidad e inocuidad hizo justicia al final del tiempo reglamentario.

Peligra ahora entrar en liguilla, la única opción a la que todavía puede aspirarse, pues el ascenso directo aparece imposible. Aunque las opciones de entrar entre los puestos tercero y sexto aún se encuentran aún a tiro, lo cierto es que las sensaciones que se transmiten son las de un equipo en franca decadencia que ha perdido la frescura y que se encuentra en una situación anímica y mental realmente preocupante en el tramo final y decisivo del campeonato.

Si la situación no vira radicalmente estaremos ante la constatación de un rotundo fracaso en la planificación y en la toma de decisiones a lo largo de la temporada. Demasiadas apuestas deportivas están saliendo ranas, y se ha dilapidado la ventaja económica de este año al ser un equipo recién descendido sin deudas a corto plazo. La ignorancia del propietario del club se acompañó de incompetencia e ineptitud en la pasada temporada. Si esta temporada se queda fuera de toda posibilidad de luchar por el ascenso, se habrán reiterado errores de gestión deportiva de calado suficiente para tildar de fiasco absoluto el periplo de la nueva propiedad. Queda cada vez menos tiempo y posibilidades para remediar el desaguisado.

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